Hay veces que realmente no entiendo a cierto tipo de personas. Y me cansé de intentarlo. No entiendo a esas personas que comen de lambonería y palabras hermosas, que valoran poco a quienes los tratan bien y que prefieren las mentiras bonitas antes que la cruda verdad.
No entiendo a esas personas desprendidas, que ponen mensajes afectivos en Facebook, Instagram o cualquier otra red social, pero que no son capaces de realizar ni una sola llamada de afecto o para saber cómo se encuentra realmente su supuesto amigo. No entiendo tampoco a los seres cómodos que hablan mejor de estas amistades superficiales que aquellas reales, porque comen más del "qué dirán" que del "qué es". Porque la imagen es nada. Y la realidad lo es todo.
No entiendo a aquellos que no valoran las críticas para mejorar de quienes los quieren, que no les dicen lo que quieren oír sino lo que necesitan saber para estar mejor.
No entiendo tampoco a aquellos que han subestimado mi amistad y que quieren ver en mi a una persona que no soy. Tampoco entiendo a los que no dicen lo que piensan oportunamente, que esperan el peor momento para hacer o decir algo inapropiado, de la peor manera. O aquellos que, por esa represión pasivo-agresiva de lo que sienten, se la pasan diciendo comentarios al aire de lo inconformes que se sienten con respecto a mi forma de ser.
Y definitivamente, no entiendo a aquellos que se hacen llamar mis amigos pero que no me aceptan como soy, con mis defectos y cualidades. No los entiendo. No los quiero. No los necesito.
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