jueves, 20 de junio de 2013

Del perdón y otras virtudes

Es muy difícil perdonar a los demás. Es también difícil pedir perdón. Pero es aún más complejo perdonarse a uno mismo.

Todos sabemos que errar es humano, pero verse uno como un pendejo y pensar momentos después en las estupideces cometidas y en las alternativas maléficas escogidas se vuelve algo incómodo. Porque a todos nos gusta vernos bonitos y perfectos. Nos cuesta vernos a la cara y decirnos la verdad: "crédula", "dramática", "ridícula", "egoísta", "arrastrada"... Nos cuesta entender que sin virtudes no existen los defectos y que tampoco se puede ser tan radical en este sentido. Nuestras virtudes, al igual que los defectos, son parciales y no totales, aparecen cuando quieren, a conveniencia del emisor y la circunstancia.

Necesito entender que puedo equivocarme. Mirarme al espejo, decirme unas cuántas verdades y luego sonreír. Porque de eso se trata la humanidad.

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